martes, 21 de agosto de 2007

Día 9


Ya sí que sí, ya estoy personalmente de vacaciones. No “oficialmente”, pero en mi cabeza sólo tengo la intención de hacer lo de todos los años: conseguir que el mar sea un lugar mágico, e ir limpiando todo el estrés que algunos dejaron en estas playas, sin miramientos para con los supervivientes. Por las noches deja de ser un simple mar al este o al oeste, y es simplemente “ese lugar”. Las luces lejanas desde la terraza, parecen flotar y no pertenecer a nadie, como el mar mismo.

Adivinar que esto se acaba, a juzgar por la ausencia de gritos y vómitos en las calles de madrugada. El verano llega a su fin, un año más que no lo ha sido, que ha sido palpable, que he bajado a la realidad y que no era un subsuelo. El fondo, del mar. Y estas noches trasnochadas con chascarrillos varios, con la brisa que mueve el viso de las cortinas mientras en la televisión ya han comenzado los programas de “llamadores” que antaño nos hicieron reír. Me has influido, sí, pero qué bien me lo he pasado.

Quizá mañana abra los ojos y dé puerta a la mala vida, o puede que esta noche duerma tan bien que quiera repetir. Qué más da. Sacar el jugo a los calores y sudar con... ya sabes, esas cosas que hacen que me sonroje y que llegue a orgasmos nuevos. Tan soez como la portada aquella. Y tan salá, como el mar.

Qué verano tan diferente, con la cultura árabe cerca. Con lo lejos tan cerca.

1 comentario:

La de rizos con gafas dijo...

Aprenderé a dubujar manos, Hanna, lo juro. Aprenderé a dibujar manos.